La Princesa Yasevé

Blog Literario, desde el rincón de los olvidos

sábado, 11 de marzo de 2017

Adiós


Adiós



Blog literario, pensamientos
Adiós, pensamientos, sentimientos, reflexión

En este mar profundo, invadido por tantas vidas perdidas por el desencanto de los días y la crueldad de los ajenos, se pierde mi vista, buscando un punto donde mis ojos brillen con alguna esperanza.
Duele, duele tanto el adiós que no sé cómo pedirle a mi Dios las palabras necesarias para vencer el temor a no dejarme abrazar por las olas que con rabia azotan la playa desierta por la soledad. Enfrentándome a la marcha de tus manos, las que tocaban mi alma, con tan sólo un roce. A la ausencia de esa boca que saciaba la sed de esta pobre alma, ávida del agua dulce de tus labios, sin la sal hiriente del océano en el que navego, a la deriva, sin rumbo fijo.
Y sale el sol por oriente, para alumbrar las horas, cegando mi vista ante lo oscuro del mar que a mis pies, reclama mi existencia. Ya no creo en esa palabra, creada por dioses insensatos al dolor de quien lo pierde, y es que el AMOR se muere, igual que nace, a golpe de envites y sacudidas, sin pedir permiso. Tu amor me dice adiós por siempre, pues ya no rima entre nuestros versos, los que escribíamos, en noches de luna llena mientras nos fundíamos en un orgasmo de pasión, donde un 6 y un 9 no eran números, sino la unión de nuestras bocas en los recovecos de nuestros cuerpos. Y brindábamos, con el vino que nacía de tanto deseo, ese que poco a poco, se escondía en la rutina, para no aparecer de nuevo. La vid se secó de tantos reproches y, aún más, de desconfianza.
Sedientos, acechamos otras camas, sin darnos la oportunidad de salvar aquello que con tanto trabajo construimos. Se acabó ese suspiro de aire que inhalaba, con la ilusión de respirar más y más. Se contaminó de indulgencia y aún más, de mentiras engrandecidas por tu indiferencia. Y así me asfixiaba con tu sola presencia, dolía, como la daga clavada en la espalda, matando en la lentitud de gotas de sangre agotadas por lágrimas amargas.
Y ahora entro en este mar negro y hondo que es mi mente, bravío por la tempestad de tu huida, donde el viento golpea con furia este acantilado escarpado, cincelado por rencores esculpidos en el silencio de tus desprecios.
Ya solo queda entregarme desnuda, en cuerpo y alma, a estas aguas ondulantes y picadas por el deseo de más vidas, bautizando mi bienvenida. Bien mereces, sentir el dolor de mi ausencia en la eternidad, por el amor verdadero que me negaste.
Mi adiós se escribe en el fondo del mar, sin más promesas, sin más retorno, mi amor.

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