Te echo de menos

En el sinfín de la Tierra te ocultas de las promesas firmadas con el rojo de la sangre en el pergamino de nuestra piel.
Huiste como perro apaleado de tanto compromiso ajeno cortando ese fino hilo rojo que nos unía.
Y ahora tentando al destino, me balanceo en el puente que recorre tu cuerpo con el mío, bufando al viento, ¡cuánto te echo de menos!
Echo de menos el minuto de una despedida alargada todo el día. Esa sonrisa que abre quimeras al corazón, mientras murmuras un te quiero. Tu cuerpo dorado al sol de medianoche, despertando los instintos de la loba en celo.
Echo de menos la incertidumbre del amanecer de tu cintura. Y las riñas del mediodía.
Cuánto echo de menos esos besos sepultados por más besos lanzados al hueco de mi escalera. Subiendo peldaño a peldaño hasta llegar a mi pecho.
Y en desequilibrio bordeo tu silueta, buscando la puerta de acceso a tanto desamor.
Y repito tu nombre para echarte de menos por siempre jamás.
Huiste como perro apaleado de tanto compromiso ajeno cortando ese fino hilo rojo que nos unía.
Y ahora tentando al destino, me balanceo en el puente que recorre tu cuerpo con el mío, bufando al viento, ¡cuánto te echo de menos!
Echo de menos el minuto de una despedida alargada todo el día. Esa sonrisa que abre quimeras al corazón, mientras murmuras un te quiero. Tu cuerpo dorado al sol de medianoche, despertando los instintos de la loba en celo.
Echo de menos la incertidumbre del amanecer de tu cintura. Y las riñas del mediodía.
Cuánto echo de menos esos besos sepultados por más besos lanzados al hueco de mi escalera. Subiendo peldaño a peldaño hasta llegar a mi pecho.
Y en desequilibrio bordeo tu silueta, buscando la puerta de acceso a tanto desamor.
Y repito tu nombre para echarte de menos por siempre jamás.

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