Blog literario, poesía
Herida, regalo, poesía, versos
No existe mayor felicidad que un día sin más, en un simple saludo, tu amiga te haga un regalo sorpresa. Un presente, un acto de cariño y amor, que no lleva lazos de seda, ni precisa de papel de celofán. Es tan intangible como eterno; tan puro como bello; tan versado como la paz del alma.
Este es el regalo que mi queridísima amiga Beatriz Cáceres me ofreció estos días pasados. No necesitamos un dispositivo tecnológico para comunicarnos y hacernos sentir.
En mis peores momentos, siempre está.
Deseo compartir este poema para la grandeza de sus letras resplandezca y, la grandeza de su persona me acompañe por siempre.
Si supieras que donde acabo
el límite no duerme
y ardo cada vez
que se me va la vida.
En cada día y
en cada una de las noches
en las que me reniega el agua.
Entonces, se me deshacen las manos,
¿Por qué, no sabes?
Dicen que nadie es más ciego
que el poeta,
los sentidos le ahogan los ojos.
El verso exige un alma rota
y si por rozarlo apenas soy herida,
nada puede salvarme.
De su boca,
de la mía.